1 de octubre de 1978

EL PENSAMIENTO Y LA SALUD

TODA ENFERMEDAD TIENE SU RAÍZ EN LA MENTE

Para nuestra desorientada humanidad, creemos, que tanto la ayuda que nos pueda brindar la medicina legal, como la ayuda mental que cada uno de nosotros podamos ir encauzando en pro de nuestra salud, son muy importantes. No se puede negar la superioridad de la mente sobre el poder de los medios terapéuticos materiales, incluyendo la acción de los alimentos y hierbas medicinales. Aunque hagamos uso de diferentes métodos mentales para obtener la salud perdida, no es obligatorio olvidarnos totalmente de los sistemas físicos de curación, ya que estos últimos son el resultado de las leyes físicas de Dios; sin embargo, tan pronto los humanos comprendamos el origen inmaterial de nuestro cuerpo (maya) sabremos perfectamente que toda enfermedad tiene su raíz en la mente.

La filosofía afirma que el individuo puede estar sano, si aspira a la salud con fuerza mental suficiente. Si tiene la fuerza de voluntad suficiente, y ser moderado, puede gozar la felicidad del espíritu. Si en sus comidas, se pone al servicio de sus órganos físicos, y no al de sus apetitos, podrá disfrutar de una buena digestión.


LA ALEGRÍA ACELERA LOS PROCESOS DE CURACIÓN

Es bien conocido el hecho de que la gente muere de enfermedades insignificantes, simplemente porque no tiene deseos de vivir, mientras que otros, por un maravilloso esfuerzo de la voluntad, sobreviven a las más mortales plagas.

El optimismo es poderoso factor en la soldadura de huesos, la cicatrización de heridas y la purificación de la corriente sanguínea; la alegría acelera todos los procesos de curación, e incluso reduce el sufrimiento, y resucita a los hombres desde sus tumbas. El pesimismo puede hacer que una simple herida produzca una infección que derive en una larga y dolorosa enfermedad. La Universidad de Harward desde el año 1966, está experimentando con grandes éxitos en este sentido, en su llamada Escuela de Medicina Social.


MENTALICEMOS PENSAMIENTOS DE SALUD

Mientras nuestros egoísmos y ambiciones continúen, no lograremos felicidad, paz, armonía ni salud.

No podemos convertirnos de repente, en adeptos del recto pensar y del control de nuestros pensamientos. Todos tenemos que ir creciendo poco a poco, comenzando con el esfuerzo inicial y tratando de lograr fortaleza y altura. Podrá parecer algo sin importancia el que mentalicemos pensamientos de buena voluntad acerca de alguien que nos haya injuriado, pero es realmente una cosa tremenda y de eterna importancia el realizarlos.

Puede parecernos una pequeñez el pensar deliberadamente en cosas relativas a la salud, plenitud y gozo de vivir, en lugar de pensar continuamente sobre las cosas relativas al malestar, enfermedad y muerte; el resultado de tal modo de pensar va mucho más lejos, porque de él depende grandemente nuestra salud, y recordemos que sin salud es muy poco lo que podemos realizar.


¿POR QUÉ ES LA VIDA TAN DIFÍCIL Y LA MUERTE FAN FÁCIL?

¿Por qué debemos luchar con tantas oposiciones para existir, y ser abatidos si descuidamos por un momento la vigilancia? Vivimos en un medio ambiente de excesos; se nos tienta continuamente a salirnos de nuestro estado de moderación, somos incitados a la avaricia, la pasión, o la desesperación ante las circunstancias cotidianas.

Si el dietista puede probar la verdad de su afirmación de que los hombres cavan sus tumbas con los dientes, el psicólogo podría añadir también que los seres humanos llenan sus tumbas con sus pensamientos.

Nunca debemos rogar por tener una tarea a la altura de nuestras fuerzas, sino tener fuerzas para enfrentarnos a las tareas que se nos presentan. Somos nosotros quienes debemos cambiar, y no nuestras circunstancias.

Como final, desearíamos incluir, aunque sólo fuera a título meramente iniciativo, algunas afirmaciones curativas que nos han parecido interesantes.

Tú estás en todo
y doquiera estás Tú, allí está la perfección.
Tú habitas en el altar de cada célula,
Tú habitas todas las células de mi cuerpo,
y ellas están sanas y perfectas,
Sanas y perfectas.
Hazme sentir que Tú estás en cada una de mis células,
y en todas ellas.

Tú estás en mi corazón y en mi cerebro,
en mis ojos y en mi rostro,
y en mis miembros; Tú estás en todas partes.
Mis piernas y mis muslos están sanos,
están sanos, porque Tú estás en ellos.
Tú estás en mi garganta,
y en mi abdomen habitas,
Tú titilas en mi columna dorsal,
Tú fluyes en mis nervios,
Tú flotas en mis venas.
Están sanos, sanos, sanos,
porque Tú estás en ellos,
porque tú estás en ellos.

Reconozco que mi enfermedad es un resultado de mis propias transgresiones a las leyes de la salud. Por medio de la dieta correcta, del ejercicio y del recto pensar, desalojaré en mí el mal realizado.


Bibliografía:
El poder del pensamiento, de Henry Thomas Hamblin; edit. Kyer.
El recto pensamiento, de Manly P. Hall; edit. Kyer