1 de enero de 1986

VIDA

Cada día mueren en nuestro organismo cientos de miles de células, y cada amanecer nos nacen también casi tantos miles de células como murieron la noche anterior. En este proceso diario vamos perdiendo algunos miles de ellas, o sea que nuestro cuerpo va digamos envejeciendo paulatinamente con los años, hasta llegar a un tope límite que llamamos muerte fisiológica.

Lo que permite que nazcan estos cientos de miles de células diariamente viene condicionado por el tipo de alimentos y bebidas ingeridos y también de forma muy notable, por la respiración.

La dietética moderna señala con claridad el tipo de alimentos más idóneos (fibrosos), para que el proceso transformador celular sea el más óptimo.

Con respecto al agua se la considera como el elemento líquido más natural y purificador, tanto interior como exteriormente.

Adentrándonos en el terreno de la respiración, dicen los expertos esotéricos, que no sabemos respirar, ya que nuestras inspiraciones son tan débiles que no permiten que se adentre el prana (néctar del oxígeno) en la cavidad torácica inferior de nuestros pulmones.

Además de los tres condicionantes básicos arriba señalados, creemos ciertamente influirá también en el nacimiento de mayor número de células, el pensar que deseamos, que queremos ardientemente, que nos nazcan tantas de ellas como murieron el día anterior, y que estas nacidas, lo hayan hecho en perfecto orden y estructura, dando una vitalidad suprema a nuestro cuerpo fisiológico, y pensando, y autosugestionándonos también, que todo ello va a permitirnos gozar de una excelente salud evitando todo tipo de enfermedad y dolor.

Muchas veces nos autosugestionamos sin saberlo y sin darnos perfecta cuenta de lo que hacemos, con mayor razón hagámoslo en este sentido que apuntamos, y al lograrlo con unos mínimos de constancia, observaremos verdaderas maravillas.

Ya tenemos, pues, cuatro condiciones para permitir que la Vida, nuestra Vida con mayúsculas, sea mucho más duradera, feliz, completa y perfecta. La alimentación, la bebida, la respiración y la certera aplicación del pensamiento nos habrán ayudado a lograrla.

Como punto final, permitidnos apuntar otra condición que antes conocíamos con diferentes nombres: gimnasia, ejercicios, yoga, etc., y que podremos llamar de captación de energía del cosmos.

A raíz del librito que acaba de publicar nuestra querida amiga Francina, ‘‘Automasaje Chino’’, somos conscientes que el masajear nuestro cuerpo en determinadas zonas activa las glándulas endocrinas para que segreguen las hormonas que tanto necesita el cuerpo humano, para que así la circulación de la sangre se haga más fluida y el ‘‘yang’’ y el ‘‘yin’’ se equilibren, permitiendo que todos los órganos del cuerpo funcionen perfectamente.

Practicando este automasaje se despiertan estas fuerzas maravillosas que yacen aletargadas dentro de nuestro organismo.

Afortunadamente, dentro de nosotros poseemos unos pozos de energía que muchísimos seres, por desgracia, no sabemos utilizar correctamente.

Nos gustaría presentaros a Francina personalmente, porque veríais con vuestros propios el milagro de cómo con las prácticas de Vida aquí apuntadas puede continuar floreciendo un organismo, no tan sólo en el cuerpo, sino también en el alma.