1 de julio de 1985

EL FIN Y LOS MEDIOS

Es de todo punto importante no perder de vista la meta del homo sapiens en esta vida en la Tierra. Y lo bueno del caso es que no podemos alzar descaradamente el velo, pues será en definitiva cada ser humano particularmente quien tiene que ver y comprender cuál es la meta y dónde se halla ésta.

Para algunos es poco menos que imposible descubrirla, debido a su entrenamiento con los juguetes del mundo; en otros, el exceso de ilusión sensorial (sentidos y sentimientos) les distrae impidiéndoles hallarla; y seguramente, los menos, aún conociendo y sabiendo cuál es y dónde se halla, se cruzan de brazos unas veces por falta de medios (conocimientos) y otras, las más, por carecer de unos mínimos de fuerza de voluntad.

La mayoría hemos tenido unas enseñanzas religiosas en nuestra adolescencia que han servido y sirven de base de apoyo en la madurez, bases que con los años quizás habrán variado notablemente, pero en suma, unos principios que en muchas ocasiones nos han ayudado a sobreponernos ante los infortunios y avatares de la vida.

Hoy sin embargo, en muchas escuelas se ha olvidado que Dios existe, y profesores de renombrada valía intelectual apoyan la tesis única que el hombre desciende del mono y sin soplo divino, ¡qué soplo si para ellos no hay divinidad!; triste divisa la suya.

Cuando estos niños sean hombres y mujeres mañana, ¿la civilización será fría como témpanos de hielo? Sin tener un hilo donde recurrir en la desgracia, tendrán que redescubrir a Dios en la hecatombe de la guerra de las galaxias y comenzando de cero, volver a traspasar otra vez a pie los desiertos.

¿Será preciso esta gran prueba, Señor? Nuestra razón no alcanza este pensamiento, pero sin querer apartarnos del título que nos hemos señalado, nuestra pregunta es: ¿Si conocemos la meta, por qué no usamos para conseguirla de los medios que todos poseemos? Aquí no se puede escapar nadie, pues unos poseerán belleza, simpatía, riqueza, inteligencia; otros, humildad, servicio, pureza, o sea que cada uno con los medios apuntados –sean los citados o sean otros–, pueden servir para alcanzar la meta, desde luego, y como antes decíamos, si creemos existe tal.

Con respecto a este tema, el fin justifica los medios para conseguirlo, tal es el caso todavía de los monjes monásticos, que a fuerza de oraciones dirigen energías positivas por doquier, las más de las veces a lugares y personas desconocidas, pero ¡eso sí saben! van encauzadas a fortalecer a seres con ideas de alcance insospechado.

Quienes deseen conocer su meta deben parar primero el tren de su vida y apartarse discretamente un instante del torbellino que les envuelve, todo esto con el fin de analizar y analizarse si deben continuar en el mismo tren o si deben cambiar de vagón o departamento.

Si quieren profundizar más, mediten en el instante real de su fallecimiento. Los más se duelen de lo que no han realizado.

Y finalmente, escriba en un papel: ¿Cuál es mi misión en esta vida? Contéstese con fidelidad, no se engañe; si la descubre, no sea usted cobarde, léala dos veces cada día, y luche, luche, a brazo partido, poniendo todos los medios a su alcance –y que Él le ha proveído–, en su caminar hacia ella. También será vital una vez anotada la neta, escribir los medios a emplear y en qué proporción.

Muchos dirán que es muy sencillo de decir y muy difícil de cumplir, ¡cierto! pero hay que ir ensayando, probando, errando…, pero hay que ir… vamos… aunque sea tropezando… lo intentaremos una vez más.

Resumiendo, conocer la meta es más que intuir, es saber que ‘‘más allá’’ existe otra vida, otra dimensión, otra morada, otro estadio, en que el Creador a través de sus justas Leyes nos tiene reservadas diferentes misiones a seguir hasta alcanzar la evolución del Hombre Estelar de John Baines o el Hombre 7 de Gurdjieff, o sea el llegar a unir la chispa divina de nuestro corazón principal con el mismo Dios, en una fusión de Amor.