1 de marzo de 1985

LOS DEMÁS, ESOS DESCONOCIDOS

Todos nuestros problemas radican en que estamos enamorados, muy enamorados de nosotros mismos y poco enamorados de nadie más: ‘‘lo que yo quiero’’, ‘‘lo que deseo’’, ‘‘lo que hacen’’, ‘‘lo que no me comprenden’’, ‘‘lo que yo trato de conseguir y la vida no me da’’, ‘‘la injusticia’’, etc. todo está girando alrededor del yo personal.

Si fuéramos capaces de enamorarnos de veras, no del cuerpo, de una cualidad, sino de toda la realidad de la otra persona como estamos enamorados conscientemente de uno mismo, entonces esta exclusividad desaparecería y me produciría un equilibrio. Este equilibrio nos conduciría de inmediato a una conciencia superior.

Todos sabemos por experiencia que cuando podemos realmente interesarnos por alguien, nuestros problemas desaparecen. Cuando esto se hace, no en un momento dado de interés hacia el otro sino como una consigna, se llega a producir un auténtico milagro del cual surgen unos efectos permanentes y duraderos.

Si tratamos de comprender las situaciones de los demás, observaremos que podemos rechazarlas, analizarlas, criticarlas o comprenderlas. Si intentamos a todas luces comprenderlas de veras, no analizándolas sino viviéndolas, precisamente en aquel momento, sin análisis mental, pero con la mente muy despierta, muy receptiva, descubriremos que las situaciones tienen un sentido, pues cualquier situación es expresión de una voluntad concreta. Si así se hace –y quien desee puede probarlo– verá nacer en su interior una mayor caridad y comprensión para los problemas de los demás.

Sí, ésta es la palabra, caridad, ayuda moral dada con todo el corazón. En un esfuerzo supremo de conseguirla muchas veces vamos a encontrarnos en unas dudas terribles y quizás alguno con excesiva susceptibilidad pueda parecerle hipocresía. Si hay, si existe sincero esfuerzo no cabe este calificativo.

La vanidad, sin duda alguna jugará su baza negativa, pero no debemos preocuparnos con exceso en tal sentido, ya que como antes comentábamos, existe siempre el esfuerzo real de ayuda a los demás. Cuando hablamos de vanidad nos referimos al engreimiento personal resultado de la satisfacción y gozo que produce el ser útiles a nuestro prójimo.

Podemos ayudar tanto y ayudamos tan poco, que nuestras mejillas enrojecen al solo pensamiento. Y si uno quiere, es tan sencillo, que no lo puede ser más. Siempre nos encontramos con la misma piedra puesta en el camino de nuestra vida; el irla apartando poco a poco es lo que hace al hombre sabio y bueno.

Pero no, no nos acordamos o andamos distraídos con los juguetes del mundo, en resumen que nos falta la consciencia, voluntad y carácter.

Y no hablemos ya de la total ausencia de esta caridad que viene a ser el malhumor, la ira descargada sobre espaldas inocentes, o el poder pisoteando descaradamente a nuestros semejantes. Sí, pensémoslo bien, nuestros semejantes, que quiere decir que son iguales a nosotros y que como todo ser humano merecen un respeto y un amor.

A pesar de que todos estos comentarios que estamos haciendo dan la sensación de no existir nada blanco sobre la tierra, queremos romper una lanza en pro de innumerables personas en todo el mundo que trabajan de forma desinteresada a favor de unos ideales y dedicados muchas veces en cuerpo y alma a tan altos menesteres como puedan ser actos caritativos a enfermos. Pero lo que es una nota característica de esta era de Acuario es el encontrar ‘‘amigos’’ que quieran ayudar de verdad. Y de esto bien pudieran ser un ejemplo los jóvenes que forman bajo el nombre del colectivo de Karma.7 la bandera del Club de Amigos de Karma.7. ¡Muchas gracias, amigos!