1 de febrero de 1985

EL CAMINO HACIA LA VERDAD

¡Qué difícil es decidirse en la vida! Saber qué camino se quiere seguir. La mayoría de personas ni piensa, ni sabe que existen caminos.

Lo difícil es escoger el camino, aunque todos, por poco sentido común que tengan, escogerán el camino de la verdad y del bien. Sin embargo, la dificultad reside en mantener esa dirección y sobre todo las renuncias que la elección de ese camino conlleva, porque hay que partir del principio de que todo no se puede tener en la vida y el que se adiestra en las enseñanzas espirituales que le llevan a la verdad, felicidad y plenitud completas, tendrá que renunciar a ciertas cosas, actitudes o costumbres que tenía antes de emprender su camino espiritual en busca de la verdad.

Lo primordial es tener una gran fe y no estar constantemente preguntándose si funciona esta técnica o no; de la toma de conciencia de uno mismo, pues, se desvanecen enormes cantidades de energías sagradas en dudas inútiles.

Asimismo, una actitud de amor y respeto al prójimo es indispensable, pues sin amor al prójimo no se puede realizar ningún paso hacia delante en el camino hacia la Luz espiritual.

Todo ello no es una enseñanza para retirarse a un lugar solitario, para la meditación o para practicarla en un convento de clausura sino que debe ser una actitud interna hacia la vida y que ha de ser utilizada –los que deseen–, en la lucha del diario vivir, con sus altibajos y momentos agradables y desagradables.

Todo está en la capacidad individual de mantener una acción sostenida de pensamiento y no dejarlo vagar en tonterías deprimentes y autodestructivas, recuerdos, experiencias personales negativas con los demás, desagrados y equivocaciones.

El poder de la concentración no se adquiere en un solo día, sino que es dirigido consciente e inteligentemente por la Energía Universal Cósmica y que cada ser humano canalizará según su capacidad.

A medida que vayamos desarrollando la concentración, más autoridad tendremos sobre la energía Pura de Luz, y cuando se llega al máximo de ésta, se alcanza lo que se llama ‘‘Precipitación’’, es decir, que la estructura atómica de la materia tendrá que doblegarse y responder a nuestras órdenes.

Ya sabemos que os parecerá un cuento de hadas, pero lo que en un tiempo se llamaron milagros, ya no se llamarán así, ni se verán así.

Estamos en la Era de Acuario, la era del dominio del espíritu sobre la materia. Con esto queremos decir que quien se ocupa con determinación a desarrollar el poder del pensamiento mantenido por la fuerza de la voluntad, cambiará, no solamente su nivel espiritual, sino simultáneamente también la estructura atómica de su cuerpo material, volviéndose más sutil y de frecuencia vibratoria más alta, sintonizando cada vez menos con las densas energías de la confusión, el egoísmo, el materialismo y el error.

¡Vibremos juntos en un abrazo universal! Pues cada pensamiento de amor hacia nuestro prójimo es un canal de luz que atraviesa todos los universos y nos hace mejores.