1 de mayo de 1984

CUANDO LAS PALABRAS SE DISTANCIAS DE LAS OBRAS

El Editorial de este mes está extraído de la revista Amor, Paz y Caridad, de la Asociación Parapsicológica Villenense, de Villena, Alicante, y cuyo autor es A.G.S.

Hay veces en la vida en que uno necesita de la reflexión para abandonar la inconsciencia en que se encuentra y alcanzar la determinación que necesita; en los que uno ha de quedarse sólo ante sí mismo para mirarse en el espejo de su autoanálisis y verse con la realidad que otorgan los ojos de su espíritu, haciendo un acto de sinceridad para consigo mismo.

El hombre es un ser inteligente, que sabe que ha de utilizar las bases de su moral para relacionarse entre sí, y luchar por transmitir la necesidad de una sociedad mejor. Pero es muy difícil edificar un mundo habitado por muchos seres, cuando todavía no se ha aprendido a construir el propio. Solamente cuando tomemos la firme e invulnerable determinación de mejorar nuestra vida, elevándola hacia las altas cotas del altruismo, podremos transmitir al mundo la importancia de ese cambio, con la música de nuestras palabras y la melodía de nuestro ejemplo.

Los libros más leídos, las verdades más buscadas, los hechos más deseados y las más bellas frases, hablan del amor entre los hombres. Las mayores alabanzas y los más preciados consejos, son orientados hacia la paz y la comprensión. Cuando hay un problema, cuando el dolor asoma y sufren los desdichados, siempre hay palabras de consuelo y esperanza.

Si tanto halaga al hombre la paz…, ¿por qué no la cuida? Si tanto suspira por el amor altruista…, ¿por qué siembra el odio? Si tanto se habla de ayuda mutua, de libertad y de justicia, de comprensión entre los hombres…, ¿por qué se cometen tantos desatinos?

Contradicción tras contradicción son plasmadas en la vida, y ellas aumentan la distancia entre las palabras y las obras.

Muchos caen en el escepticismo y dejan de apreciar los valores positivos del ser humano.

Cuando hablamos de construir un mundo mejor, de armonizar la sociedad, de la paz y del amor entre los hombres, de ser más justos y comprensivos, OLVIDAMOS HABLARNOS A NOSOTROS MISMOS. He aquí la base del error, donde debemos aplicar el esfuerzo y la ilusión que se desprende del conocimiento auténtico de todo cuanto decimos. Es ahí donde han de comenzar nuestros verdaderos propósitos, aquellos que llevan la fuerza del sentido útil y práctico, que van impulsados por la auténtica comprensión y sabiduría de las experiencias de la vida.

Todos hemos saboreado el amargor de la infelicidad y la insatisfacción, mas, sabiendo cómo evitarla, ¿por qué no queremos reconocer que el camino que conduce a la felicidad se halla en la renuncia y en el bien? ¿Para qué seguir sufriendo más, si sabemos que el dolor moral no viene de fuera, ya que se halla en nuestro propio interior? Si somos conscientes de ello y así lo aconsejamos al prójimo, ¿qué está fallando en nosotros?

Si todos hablamos para los demás, ¿quién dará el primer paso para hablarse a sí mismo y comprender que es el primero que está fallando ante la sociedad? No desviemos nuestra atención, pensando que son los otros quienes crean los problemas que existen…, no nos queramos engañar de esta forma. Así, es totalmente irrealizable el cambio social, porque es imposible crear un nuevo modo de vivir esperando el cambio de los demás antes que el nuestro. Todos fallamos, todos cometemos errores, todos tenemos defectos; en cambio, todos nos creemos superiores a los demás y pensamos que nuestros actos son correctos. No son nuestros pensamientos ni nuestras palabras el símbolo de la verdad, pues él se halla en el corazón de los hombres y va representando en la firma inalterable de nuestros propios hechos, de esas obras de naturaleza altruista que esperamos hagan otros y que casi siempre olvidamos hacer nosotros.