1 de enero de 1984

¡FELIZ Y OCULTO AÑO NUEVO!

No traspases alma mía la mirada al nuevo año sin antes recolectar los frutos de las experiencias del pasado año.

Adelante y atrás, nos caemos y nos levantamos; hoy vemos las cosas claras y mañana obscuras. Y siempre parece que sea igual, da la sensación de que todo tiene el mismo color.

La lucha por el diario sustento, un día de sol, buen humor, mal genio, día lluvioso, estrellas que brillan, ansias y temores, cuitas, amor altruista, no puedo, sacrificios hoy sí mañana no, y aunque parezca igual, nada es igual. Un tiempo ha pasado y el resultante de las acciones concentradas y cometidas en él pesan en el vaso de nuestra vida induciéndonos a que se repitan positiva o negativamente según sean de un signo u otro el resumen de las mismas.

Pero ¿qué es lo más importante? Lo primordial y básico, creo yo, es LEVANTARSE, querer LEVANTARSE, otro volver a empezar, otro volver a vivir, otro RENACER.

Comentamos hace pocos días con un amigo, lo poco conscientes que somos los humanos, a pesar de que en ocasiones intuimos y sabemos que no aprendemos nada, a veces, sin embargo, a veces alguna palabra bendita cae como lluvia de rocío que refresca, que despierta, que hace vibrar iluminando el propio Ser.

Es costumbre ocultista hacer balance a fin de año. Va pero que perfectamente bien en esta época del año el saber si estamos deudores o acreedores. ¡Pero sin engaños!

Es saludable saber y conocer si en este transcurso de 365 días, han triunfado o no el amor altruista sobre el amor egoísta, el espíritu económico como se dice vulgarmente o el entregarse a los demás en cuerpo, bolsillo, alma y espíritu.

Será de tontos ¡perdón! Saber que se ha caído y no querer levantarse; será de ciegos tropezar y no moverse.

¡Oh, Padre Nuestro, que no esté ciego!

¡Oh, Karma mío, cuánto me pesas a veces!

Nos complacemos en desear a los lectores pasen unas Felices Fiestas.

¡Feliz Año Nuevo!