1 de diciembre de 1983

7 REGLAS PARA UNA VIDA FELIZ

1. Adquiera el hábito de la dicha. Quien se tiene en buena estima y opina de sí mismo que merece ser dichoso, decidirá crear dicha en todos los lugares donde vaya. Quien quiera y desee ser dichoso, encontrará felicidad por todo el mundo. Gozará con cada bocado de su desayuno, encontrará refrescante la ducha matinal, se sentirá satisfecho con la sencilla rutina de vestirse. Cuando salga a la calle para ir al trabajo, se sentirá dichoso al ver a sus semejantes.

La dicha es un estado mental. Tener dinero es algo muy bonito, dice M. Matz, pero en última instancia, la dicha no se puede comprar con riqueza. Muchas personas conocidas están ahorrando para ‘‘los días malos’’ o ‘‘para poder retirarse a tomar el sol’’ o ‘‘para tener a alguien que les cuide cuando sean viejos’’. La previsión es una cualidad magnífica, pero no por ello dejan de ser planes para el futuro a costa del presente. Si se puede vivir plenamente cada día y sembrar, además, los cimientos de un futuro dichoso, muy bien, si no es así, nos permitimos decir: ¡No lo haga!

2. Declare la guerra a los sentimientos negativos. No hay que dejarse roer por las inquietudes. Cuando los pensamientos sombríos invaden la mente hay que combatirlos con fiereza. ¿Por qué teniendo todos los derechos a ser dichoso, se han de pasar las noches en vela luchando contra el temor, la inquietud y el odio? Hay que ganar la guerra contra estos azotes del siglo 20.

3. Dese nuevo vigor a la imagen de sí mismo. Hay que verse a sí mismo tal como se fue en los mejores momentos y concederse algo de estima a sí mismo. Hay que ver mentalmente los momentos dichosos y el orgullo que se sintiera de sí mismo en tales ocasiones. Hay que imaginar experiencias futuras que sean gozosas y atribuirse el mérito por lo que se es. ¡Basta ya de darse cabezadas contra la pared!

4. Aprenda a reír. Los adultos a veces sonríen o contienen la risa, pero son pocos los que verdaderamente se ríen. Nos referimos a una buena risa cascabelera que proporcione una sensación de liberación y sosiego. La risa cuando es verdadera, es purificadora. Forma parte de nuestro mecanismo del éxito, que nos lanza a nuevas victorias de la vida. Quien no haya reído desde que tenía diez o catorce años, regrese a la escuela de su mente y vuelva a aprender algo que jamás debió haber olvidado.

5. Desenterrar los propios tesoros ocultos. No se puede permitir que tanto el talento como los propios recursos internos del ser se vayan muriendo dentro de uno. Hay que darles la oportunidad de que se enfrenten a la prueba de la vida; muchas veces nos equivocamos pero no por ello debemos caer en un desespero sin límites. Tenemos la gran obligación de levantarnos otra vez y seguir la vida. ¡No podemos enterrarnos vivos! La Esperanza es un tesoro oculto, al igual que la Fe, pero, por favor, pintemos la esperanza con colores claros y limpios y no con el color negro de la pesadumbre y la culpabilidad.

6. Ayudar a los demás. Dar a nuestros semejantes puede ser una de las experiencias más renumeradotas de la vida, pero no hay que ser cínico. Quien dé al prójimo se asombrará de la respuesta agradecida de éste. Algunas personas que parecen ser las más duras son, en realidad, blandas y vulnerables. Cuando se da sin ningún pensamiento de lucro o de codicia, se experimenta la sensación de ser grande.

7. Buscar actividades que pueden contribuir a la dicha. ¿Golf, tenis, fútbol, esquí náutico? ¿Pintar, decorar, coser, bordar, cantar? Esto es algo que cada uno debe decidir y naturalmente de acuerdo con sus gustos y aptitudes naturales. La vida activa es vida dichosa. Mientras las manos están ocupadas la mente descansa, cosa muy importante en los tiempos en que vivimos.