1 de septiembre de 1983

LOS INICIADOS

Muchas personas creen que es necesario buscar un gurú en algún país determinado, como por ejemplo la India, para encontrar a los maestros del conocimiento superior y recibir así sus instrucciones…

Dos cosas son ciertas, la primera es que quien aspire seriamente al saber superior, no escatimará ningún esfuerzo, ni retrocederá ante cualquier obstáculo para encontrar al iniciado que le inicie en los misterios superiores del universo.

Por otra parte, el discípulo puede estar seguro de que la iniciación llegará a él de todos modos, si su afán es realmente serio y sincero en alcanzar el conocimiento.


LAS LEYES DE LOS INICIADOS

Existe una ley natural entre todos los iniciados que les impone no denegar a nadie el conocimiento que le corresponde merecidamente.

Pero hay otra ley, tan natural como la primera, que establece que a nadie se le debe entregar la menor parte del conocimiento oculto, si carece de méritos para recibirlo.

Cuando el iniciado se sale de su delimitado ámbito espiritual para obrar públicamente, tiene que observar una tercera ley que es la siguiente: Ajustar cada una de sus palabras, cada uno de sus actos, de manera que no coarte la libertad de obrar a persona alguna.

El iniciado será tanto más perfecto cuanto más estrictamente observe estas leyes. El vínculo que une a todos los iniciados es espiritual, no pertenece al mundo exterior, y las leyes antes mencionadas son los broches de oro que les unen.

Podrías vivir en íntima amistad con un iniciado, pero siempre quedarás espiritualmente separado de su ser esencial hasta convertirte también en iniciado.

Podrías poseer todo su corazón y afecto, pero no te confiaría sus conocimientos secretos hasta que estuvieses maduro para recibirlos.

Podrías congraciarte con él o torturarle, pero nada le inducirá a revelarte cosa alguna cuando él sabe que no te lo debe decir porque tu grado de evolución no te permite abrigar en el alma como es debido este secreto.


CÓMO TRABAJAR PARA ALCANZAR LA INICIACIÓN

Precisos y minuciosos son los caminos que el hombre debe recorrer para adquirir la madurez que le permita recibir el conocimiento superior. Sólo en su propia alma hallará el hombre los medios para que se le abran los labios de un iniciado. Debe desarrollar en sí mismo determinadas cualidades hasta cierto grado de elevación, para así poder participar de los sublimes tesoros del espíritu.

Para comenzar debe existir una cierta disposición fundamental del alma, que el investigador del ocultismo llama el sendero de la veneración, de la devoción hacia la verdad y el conocimiento.

Si no cultivamos en nuestro interior el hondo sentimiento de que existe un mundo más elevado que nosotros mismos, nunca alcanzaremos la fuerza de desarrollar hacia un nivel superior.

Sólo se puede adquirir el verdadero conocimiento si se ha aprendido a apreciarlo. Es cierto que el hombre tiene derecho a abrir los ojos a la luz, pero este derecho debe antes ser conquistado.

Nuestra civilización, incluida la juventud, se inclina más bien a criticar, juzgar o condenar, y tiende poco a la devoción, a la veneración abnegada. Toda crítica o juicio condenatorio, alejan del alma las fuerzas que son necesarias para alanzar el superior conocimiento. Éste sólo podrá lograrse trabajando intensamente sobre sí mismo, pues por sí solo no vendrá, debido a que el hombre actual anda sumergido enteramente en la civilización superficial contemporánea.

En los tiempos en que las condiciones de la vida material eran sencillas, el progreso espiritual era más fácil de lograr. Lo venerable y lo digno de adoración se destacaban más del resto de la civilización. Cuando criticamos a nuestros semejantes, queramos o no los estamos juzgando, sin pensar qué habríamos hecho nosotros en aquellas circunstancias y sin tener en cuenta qué factores determinantes habrán influido en ellos para actuar de aquella forma.

¿Tan perfectos somos y tan sin culpa nos hallamos que nos permitimos tirar la primera piedra?

En unos tiempos de críticas como los que vivimos, los ideales son envilecidos, dando lugar a que otros sentimientos ocupen el lugar del respeto, de la veneración, de la adoración y de la admiración.

Nuestra época actual reprime cada vez más estos sentimientos, de modo que sólo unos pocos esforzados podrán cultivarse a través de su vida cotidiana.

El que busque, el que anhele, deberá infundir esos sentimientos en sí mismo, en su alma. Esto no es posible por medio del estudio, sino por la vida misma. Si nos encontramos con una persona y criticamos sus debilidades, la fuerza para alcanzar un conocimiento superior se evadirá, pero si tratamos de contemplar con afecto sus buenas cualidades, acumularemos tal fuerza que nos quedaremos sorprendidos. Esta actitud no debe limitarse a una regla social, sino que debe penetrar lo más íntimo de nuestra alma.


EL PRINCIPIO DE ORO

En el Ocultismo existe un principio que nadie debe transgredir si quiere ascender, si desea alcanzar el objetivo. Este principio dice así: Todo conocimiento que busques solamente para aumentar tu propio saber y para acumular tesoros personales, te desviará del sendero; pero todo conocimiento que busques para madurar en el empeño del ennoblecimiento humano y de la evolución del mundo, te hará progresar un paso más.