1 de julio de 1983

LA QUIETUD INTERIOR: SÓLO PARA VALIENTES

Para aprender a discernir lo esencial de lo secundario, la mejor recomendación nos la da Rudolf Steiner: Es la de procurar reservarse cada día unos momentos de quietud interior.


Esta norma es sencilla de comprender y también de practicar, mas sólo conduce a su objetivo si se cumple con seriedad y rigor. Por esta razón vamos a explicar, sin rodeos, cómo debe observarse.

La persona que desee ponerla en práctica, deberá apartarse, por unos momentos de su vida cotidiana, a fin de ocuparse de algo totalmente distinto de sus habituales ocupaciones.

No hay porqué pensar que la observación de esta norma va a restarnos tiempo para cumplir con nuestros deberes, pues basta con que se disponga de cinco minutos al día.

En este tiempo, el practicante deberá desligarse por completo de su vida habitual; sus pensamientos y sus sentimientos habrán de tener matices distintos de lo que generalmente tienen; deberá hacer desfilar ante su alma sus placeres, dolores, preocupaciones y acciones, de tal modo que todo lo experimentado lo contemple desde un punto de vista más elevado.

Para comprender mejor estas palabras, pensemos cuán distintas a las nuestras se nos presentan en la vida corriente las experiencias y acciones de los demás. Cada uno siente lo propio, pero lo que experimentan nuestros semejantes sólo podemos observarlo.

Lo que se persigue en estos momentos escogidos es contemplar y juzgar nuestras propias experiencias y acciones como si hubiesen sido ejecutadas, no por nosotros, sino por otra persona.

Si ponemos por ejemplo, el caso de que alguien haya sufrido un grave golpe del destino: ¡cuán distinto lo ve quien no lo pasa de forma directa! De esto se trata, de mirárnoslo de lejos aunque lo estemos pasando.

Se debe tratar de adquirir la fuerza de situarse en ciertos momentos enfrente de sí mismo, como si fuera un extraño; observarse a sí mismo con la quietud interior de un juez imparcial. Si lo logra, las vivencias personales se le aparecerán bajo una nueva luz.

Mientras las experimente estrechamente unido con ellas, vivirá tan vinculado a lo secundario como a lo esencial. Mas si llega a la quietud interior de la visión de conjunto, lo esencial va a distinguirse de lo secundario, proporcionándole una mayor comprensión de la vida y del ser humano en sus más amplias vertientes.

Al principio, los que deseen practicar y lo hagan, van a notar que su cuerpo físico se rebela, dándoles la impresión que de un momento a otro va a estallar en mil pedazos. Estos son los primeros choques que se desencadenan cuando trata de separarse, y es comprensible que así suceda, después de tantos años ir unidos lo esencial con lo secundario.

De todo ello podrá deducirse que aunque sencillo de practicar, es costoso de resistir. Es sólo para valientes.

Son los cinco minutos más largos de mi vida –nos decía un amigo que hacía poco tiempo se inició en tal práctica–, sobre todo los primeros días. Después de tres meses, es ya otra cosa.

Conocemos a este joven que nos habló; sabemos que su gran transformación externa que presumimos también interna, y le felicitamos sinceramente porque a través de la quietud interior ha encontrado lo que había perdido, una nueva visión de su ser interno, en resumen, de la Realidad.