1 de mayo de 1983

CÓMO LOGRAR LO ESPIRITUAL A TRAVÉS DEL PENSAMIENTO

A poco que analicemos el título que encabeza este Editorial nos daremos perfecta cuenta de la lógica que representa. Lo espiritual, como lo material sólo puede lograrse a través del pensamiento.

Esta lógica debemos meditarla así: si no dispusiéramos del magno instrumento del pensamiento, seríamos meros animalitos sin poder ejercitar la creatividad y el discernimiento propios del ser humano y que le son característicos. Todo ello por designio implícito del Creador.

Sin pensamiento no existirían para nosotros ni obras, ni trabajos a realizar, ni ciudades, ni pueblos, ni mesas, ni sillas, ni radios, ni coches, ni trenes, ni nada de nada. Y tampoco sabríamos lo que es amor, tanto en minúsculas como en Mayúsculas. Nuestra vida sería en fin, una vida orgánica en su totalidad.

¿Os habéis parado alguna vez a pensar qué deben sentir y cómo piensan, entre comillas, los animales no racionales? Seguramente el pensar esto nos induce en estos momentos a una nostalgia y tristeza muy peculiares. ¿Y si fuésemos nosotros estos animales? ¿Qué haríamos?

Bueno, no deseamos alejarnos del tema propuesto y por todo ello queda claro, al menos así lo vemos nosotros, somos lo que son nuestros pensamientos.

Además de atraer corrientes de pensamientos, el sapiens crea una atmósfera de atracción o repulsión. Esta atmósfera, aura o magnetismo personal atrae a las personas o circunstancias o bien las aleja. Si dos personas, una con una atmósfera atractiva y la otra con una que no lo es, estuvieran a cargo de un pequeño negocio y se les diera igualdad de oportunidades, el primero hará mucho más negocio que el último, simplemente porque sabrá atraer a su clientela y atenderla amablemente. Producirá una atmósfera alegre y maravillosa en donde el otro hombre con una atmósfera de repulsión hubiera fracasado.

Para desarrollar, para crear una atmósfera atractiva debemos sentir afecto a los que nos rodean; debemos sentir ansias de servirlos y ayudarlos, y pensar pensamientos rectos, recordando que mientras sea sincero este deseo de servir, los demás son atraídos hacia nosotros por el magnetismo de nuestra bondad, amistad y cordialidad.

Esta forma de hacer y de sentir nos dará prosperidad, no podremos evitarlo, pero nuestro objetivo debe ser ayudar y servir. Algún lector dirá que esta enseñanza es casi imposible de practicar. Otros, comentarán, que tan pronto se comienza a pensar rectamente y aspirar a cosas mayores, parece que se desaten unas fuerzas extrañas que nos quieran aplastar impidiéndonos adelantar. Esto es bastante cierto, pero aquel que aspira recibe ayuda de lo alto.

Cada vez que miramos hacia arriba elevando nuestros pensamientos, fluye hacia nosotros una corriente de vida y salud, fortaleza y bendiciones.

No importa cuánto hayamos sido tentados; recibiremos mucha mayor fuerza de nuestro Hermano Mayor para superar el poder del mal que nos asalte.

El Gran Uno es el que está en nosotros y junto a nosotros en todo momento, conquistando y venciendo y es Él quien puede y nos ayuda en todos nuestros esfuerzos por alcanzar las más elevadas y mejores cosas.

Porque más grande es El que está en ti, que aquel que está en el mundo.