1 de noviembre de 1982

LA LEY DEL SERVICIO

En lo más profundo de cada corazón humano, existe un insaciable deseo de felicidad. El alma avanzada desea la felicidad exactamente lo mismo que el mundano buscador de placeres; la diferencia estriba simplemente, en que el primero, por conocimiento y experiencia, no va en pos de la felicidad, pues sabe que nunca la hallará buscándola directamente, sino que la encontrará en el servicio y el amor a los demás; mientras que el último persigue el fuego fatuo de la felicidad en cada forma de placer, y no la encuentra.

El hombre nunca está satisfecho con su vida; siempre busca algo mejor. Hasta que alcanza la sabiduría, busca ese algo en el placer, en la satisfacción de los sentidos, en la riqueza, en el lujo. Todos los intentos para hallar la felicidad conducen finalmente a la vaciedad. No hay satisfacción ni en la riqueza ni en todo lo que ella puede proporcionar, ni en alcanzar prosperidad o poder en la vida. Al principio estas cosas halagan y prometen felicidad, pero nos engañan, y vemos después que solamente son vanidad y vejación para el espíritu.

La felicidad, sin embargo, se encuentra en el servicio. No cuando buscamos la felicidad en el servicio, sino cuando servimos a los demás por el mero hecho de servir. Sólo entonces hallamos la felicidad que perdura y satisface. Uno no tiene más que prescindir de sus propias conveniencias y realizar alguna acción bondadosa y perfectamente desinteresada para experimentar un vivo gozo de felicidad. Esto demuestra que se trata de una ley, tan cierta como la ley de gravitación.

Debe haber un propósito en la vida, y éste debe centrarse en el mejoramiento de la vida de los demás. Todos podemos obedecer a la ley del servicio, pudiendo empezar ahora mismo, en nuestra ocupación presente, no importa cual sea. Nos basta con ejecutar nuestro trabajo cotidiano, no como una labor que tenemos que hacer por fuerza, para proporcionarnos un medio de vida, sino como ofrenda de amor a la vida y al mundo, a fin de ponernos en armonía con la gran ley del servicio.

Uno siente intensa felicidad al darse cuenta diariamente de que antiguos hábitos van corrigiéndose, de que se fortalecen puntos débiles del carácter, y que se está alcanzando un siempre creciente estado de libertad.

¿Qué tiene que ver todo esto con la vida práctica? Alguien preguntará. Muchísimo. Quienes se inician en esta LEY DEL SERVICIO, nunca podrán ser derrotados en las luchas de la vida. Tienen algo dentro de sí mismos que nunca podrá extinguirse y que los conducirá de victoria en victoria.