1 de septiembre de 1982

¿CÓMO PRESERVARSE DEL ODIO?

Con este Editorial finalizamos un conjunto de pensamientos sobre el tema del ‘‘Odio’’. Hemos observado al escribir estas líneas que ciertas ideas han venido a iluminar parcelas obscuras de nuestra consciencia y nos imaginamos que casi siempre suele suceder así. Por ejemplo, ¿por qué al Odio no le damos el valor negativo que posee? Contestación: porque no lo vemos con nuestros ojos físicos, lo cual significa que harto distraídos en nuestro diario vivir, y confundiendo el concepto que tenemos de la Realidad, parece no contar para nosotros esta emoción tan importante que puede inducirnos a la más desastrosa de las derrotas.

Consideramos al Odio como algo así como una sensación que no puede dañarnos, y ahí está, como una trampa más (y de gran tamaño) en el camino de nuestra vida. Nos gustaría saber expresarnos mejor al decir que el odio es la cara opuesta de la autosugestión y mentalización positivas, tan importante hoy día y mucho más en un futuro muy próximo especialmente en el campo de la curación.

La trampa –el agujero negro–, creemos radica precisamente ahí, ya que al odiar nos cerramos las puertas e impedimos que la benéfica lluvia cósmica nos refresque y nos permita seguir avanzando en el humano destino asignado.

Sabemos –muy poco por cierto–, que existen personas más propensas que otras a odiar, o si lo deseáis, a sentir una cierta inclinación a no perdonar, a ser más rencorosas. Por Astrología, observaremos, generalizando con suavidad, que los nativos de Virgo, suelen sentir de una forma más intensa esta emoción. Si los escuchamos –y lo hemos hecho en multitud de ocasiones–, nos van a responder rotundamente que no es así, aportando un sinnúmero de justificaciones como si al así hacerlo se abastecieran de nuevas fuerzas para impedir sofocar el incendio de su pasión.

Tristemente el minuto positivo de la evolución humana es tan lento, que si deseamos medirlo, como dice Brynes, equivaldría en el mejor de los casos a setenta años de vida humana ‘‘normal’’?

No pretendemos encajonar a presión a los nativos que antes citábamos –ni mucho menos–, ya que es sabido que la influencia del ascendente, situación planetaria según hora de nacimiento, etc., variarán inclinando a unos rasgos más o menos notorios a cualquier nativo y de cualquier signo, aunque en general no determinarán de una forma absoluta al ser humano en cuestión, pues su esfuerzo y su trabajo –exotérico y esotérico–, van a permitirle mediante el libre albedrío modificar su conjunto. En resumen, si como dudan algunos la película de la vida de las personas está ya filmada, responderíamos que sí, aunque no revelado el carrete.

Sin pretender alejarnos del título que nos ocupa, indicaríamos como medida más importante para preservarnos del Odio, el apartarnos de las personas que sabemos odian. Es el viejo ejemplo de todos conocido. El saco de carbón entre sacos de harina, acabará por ensuciarlos a todos. Serían precisos necesariamente muchos miles de sacos de harina para lograr emblanquecer uno de carbón. Es una ley que podríamos mantener en nuestra mente, ayudándonos a comprender el pensamiento oriental de no interferir en el caminar de los demás. Sin embargo, como occidentales que somos, nos cuesta muchísimo trabajo permanecer impasibles a ciertos hechos y la vehemencia puede abrumarnos hasta lo insospechado. Queremos decir con esto, que si conocemos a alguna persona que sabemos positivamente odia, nos parecerá oportuno procurar ayudarla en una reposada recapacitación, siempre y cuando las normas sociales y de buena relación nos lo permitan; si la persona en cuestión no acepta de buen grado esta comunicación, es preferible abandonar este camino, pues comprenderemos necesita de otros medicamentos que seguramente no poseemos, aunque podría darse la circunstancia de que sí se obtuvieran resultados notables mediante pensamientos de amor dirigidos de una a otra persona, nivelándose así la balanza del odio, consiguiéndose una neutralización que aunque verdaderamente no fuere positiva del todo ya que se habrá logrado por ‘‘interferencia’’ cuando realmente se hubiere precisado del ‘‘esfuerzo propio’’, al menos no será negativa totalmente pudiendo ser el inicio del ‘‘esfuerzo’’ deseado.

Otra de las formas de preservarse del odio, es el mantener continuamente cerradas las puertas del Odio, y cómo lograrlo es muy sencillo de escribir y muy costoso de practicar: AMAR. Amar a todo y a todos. Si el vaso de nuestro corazón está lleno de amor y una sola gota no cabe ya en él, estemos seguros que una gota de odio no podrá penetrar. Disculpadnos por estos ejemplos tan sencillos, pero no disponemos de otros con mayor profundidad.

Como consecuencia de todo ello algunos podrán preguntarnos cómo lograr mantener el vaso rebosante de AMOR, y aquí sólo podemos añadir simple y llano que deseándolo muy ardientemente, con esfuerzo, con consciencia clara, con deseos de superación constante, no desfalleciendo ante los errores y equivocaciones que diariamente todos cometemos, pero que en buena parte nos ayudarán a comprender y esclarecer ciertos puntos débiles, conduciéndonos a intuir y presentir nuestro destino.

El rodearnos de personas que amen será francamente recomendable para evitar el Odio; será pues, un punto importante a tener muy en cuenta.

El abuso de carne en nuestra dieta normal, influirá notablemente en nuestras emociones y por ende en el odio. Aunque no seamos totalmente vegetarianos, comprendemos muchísimas cualidades adquiridas de los que practican esta dieta.

El ‘‘no desear’’, llega también a convertirse indirectamente como un formidable antídoto del Odio.

El frecuentar y mantener contactos con la Naturaleza, favorecerá la pureza de nuestros pensamientos, cimentando nuestro carácter con grandes pilares, a través de los cuales la observación y meditación nos permitirán recoger los frutos del AMOR, impidiéndonos así odiar.

También –y para finalizar– podemos evitar el odio, complaciéndonos silenciosamente en ‘‘no criticar, no cotillear, no juzgar’’ en fin a nuestros semejantes, a pesar de que el carácter español es muy dado a ello, recogiendo desgraciadamente (como siempre sucede) los frutos de nuestras desdichas: inestabilidades de toda índole que conducen al Odio.

En nuestra opinión para evolucionar es imprescindible el conocimiento de sí mismo. No es nada sencillo el lograrlo, pero seguramente quien así lo desee y se lo proponga podrá conseguirlo.