1 de febrero de 1982

LA LEY DEL TRIBUTO

Como estudiantes de Ocultismo, conocemos varias leyes ocultas, más que conocer sabemos que existen y funcionan, y depende de cada persona el aplicarse en observar cómo actúan y cómo se desarrollan estas maravillosas leyes.

En un seminario que celebramos, dimos una conferencia sobre dichas leyes, y aunque fue modesta y sin grandes profundizaciones, las relacionamos y las explicamos someramente. Primeramente la Gran Ley Divina del Amor que las engloba a todas. La Ley del Servicio. La Ley de Causa y Efecto. La Ley del Bienestar. La Ley del Amor. La Ley de Analogías. La Ley de lo Semejante. La Ley del Silencio. La Ley del Diezmo y la Ley de la Jerarquía.

Muchas de ellas se duplican e incluso se triplican con otros nombres, pues esto, creemos, es lo de menos. Se llaman ocultas porque da la sensación de que no las vemos, cuando verdaderamente las tenemos delante de nuestras narices. Para poder hablar un poco sobre ellas, tuvimos que escrutar y repasar muchísimas obras, pues ningún libro las contiene y explica en su totalidad, y tuvimos también que aprender a ‘‘leer entre líneas’’, para encender ‘‘luz ocultista’’, que a nuestro entender hoy debiera ser ‘‘luz’’ pero no tan ocultista. Creemos sinceramente que los tiempos así lo requieren.

Gracias a la observación, hemos podido comprender una Ley que desconocíamos, la Ley del Tributo y aunque verdaderamente no sabemos el por qué de su función, vislumbramos una cierta relación y correspondencia entre la Ley de Causa y Efecto, la Ley del Diezmo y la Ley del Agradecimiento, pero permitidnos que os expliquemos unos hechos, que aunque en parte son simples y mundanos, contienen una finísima línea espiritual entre bastidores.

Tenemos un íntimo amigo –gracias por poder tener tan buenos amigos–, que un buen día, va y nos dice: ‘‘Mirad, estoy muy contento, pues ayer fui al Banco para comunicarles que en mi libreta habían abonado un dinero que no me correspondía, y cuál fue mi sorpresa, cuando me dijeron que eran unos intereses de unas cuentas que tuve hace años’’. (La cantidad era relativamente importante).

‘‘Ahora –continuó–, voy rápidamente a pagar’’. (¿A pagar el qué? –pensamos–), pero acto seguido se expresó diciéndonos que tenía que ir a visitar a unos enfermos, y a practicar la Ley del Diezmo. Le preguntamos por qué y nos contestó simplemente así: es LA LEY DEL TRIBUTO. ‘‘Todo tenemos que pagarlo voluntariamente o a la fuerza, y como ya conozco lo que es pagar a la fuerza, deseo pagar voluntariamente con Amor y por Servicio’’. Estamos seguros,  –porque le conocemos bien– que no hay miras egoístas en sus palabras, tan hermosas y sencillas: CON AMOR Y POR SERVICIO.

En más de una ocasión habremos escuchado de labios de personas que al final de su vida y tras muchos esfuerzos, hayan conseguido una posición económica estable y de relativa tranquilidad: ¡Ahora que estamos bien! ¡¿Qué pasará?!
Y suele ocurrir (no siempre), que aparece alguna desgracia dentro del círculo familiar.
¿Por qué acostumbra a ocurrir así?
¡Piensa y medita!