1 de diciembre de 1981

SEA USTED FELIZ EN EL NUEVO AÑO

Siempre hemos escuchado aquel refrán de: AÑO NUEVO, VIDA NUEVA; refrán popular que como todos los dichos, contienen sabiduría. Aprovechamos este mes de diciembre ya que tenemos encima el Nuevo Año, y aunque el título de este Editorial parezca señalar que sólo durante el año próximo pueda usted ser feliz, rectificamos y decimos: SEA USTED FELIZ (si todavía no lo es) A PARTIR DEL NUEVO AÑO. ¡Craso error, vana pretensión! –dirán algunos–, bueno quizá sí, pues lo que para unos puede servir, a lo peor para otros no puedes serles útil.

Hay una cosa que está clara y es que en el último decenio, multitud de personas de muy diversos estratos, hemos llegado a la conclusión –y nos contamos entre ellas–, que el hombre actual necesita, como condición inicial y principal, adquirir PAZ y ARMONÍA. Y decimos PAZ porque en este turbulento vivir de cada día la vamos perdiendo minuto a minuto; la perdemos cuando a través del teléfono nos hallamos ante voces chillonas, nerviosas o ariscas con tono agresivo; la perdemos en momentos de ansiedad, en nuestro loco correr para adquirir bienes materiales –necesarios, sí– pero que no sabemos todavía a ciencia cierta diferenciar lo necesario de lo superfluo con claridad diáfana; la perdemos cuando el trabajo se nos come, o cuando carecemos de él, y también la perdemos cuando nos alejamos de lo divino y caemos en las trampas de los extremismos. Por tanto, recuperar esta paz perdida es lo primero que debemos hacer para establecer la ARMONÍA.

Últimamente se ha puesto de manifiesto en muchísimos ámbitos, que la fórmula más sencilla y casi mágica de esta recuperación de PAZ es la RELAJACIÓN. Psicólogos, psiquiatras, parapsicólogos, médicos, curanderos, en fin, cualquier estudioso de nuestros temas, está de acuerdo (gran cosa que alguna vez estemos de acuerdo en algo), en que la RELAJACIÓN es la base inicial y principal de recuperación de muchos males y dolencias modernas. Puede servir contra el cansancio cotidiano y contra el insomnio, y aplicarse también como terapia de cualquier dolencia.

Habrá quien precisará de una simple relajación, y habrá también quien va a necesitar de una tensión-relajación, o sea, un tensar-aflojar al unísono la musculatura de su cuerpo. Los técnicos o especialistas de estas terapias serán los que deberán determinar lo más conveniente.

Los no iniciados en relajación, comienzan generalmente con la escucha de una grabación adecuada. Nos permitiremos aconsejar a quienes así lo practiquen prueben a escucharla veinte minutos antes de la comida de mediodía. Es el sistema que nosotros empleamos, y sin desdeñar otras formas, lo exponemos simplemente.

Al transcurrir estos veinte minutos se alcanza el punto zenit, en el cual, si la relajación se ha hecho bien, la persona o se duerme o se levanta completamente descansada y en paz (nos referimos si ha sido efectuada en la cama). Es en estos momentos, precisamente, cuando tenemos abierto nuestro subconsciente; quiere esto decir que es entonces cuando podemos introducir en él –al igual que los datos en un ordenador–, lo que más idóneo consideramos nos puede ser útil en un próximo-presente. Ahora, y a título de ejemplo, e incluso haciendo gala del título de este escrito, exponemos unos textos que cada persona se los puede grabar y escucharlos más tarde a continuación de su relajación. Estos textos van encaminados directamente a un fin, que con todo amor os dedicamos y que podríamos titular: FELICIDAD.

Cada vez que haga este ejercicio, usted creará una mayor capacidad de observar y controlar sus pensamientos desde su interior –no porque yo lo diga, sino porque el ejercicio así lo hace. Cada vez que realiza usted este ejercicio, crea una conciencia mayor del presente y los acontecimientos desagradables del pasado, se van haciendo cada vez menos importantes.

Sea como sea, usted no puede cambiar su pasado, de modo que no hay motivo para pensar en él. Usted nada puede hacer para cambiarlo, por tanto, olvídese de él.

Las cosas en las que usted no piensa, no pueden molestarlo. El futuro es igual. No se preocupe por él. El ejercicio hará que usted mantenga su conciencia enfocada en el presente.

De ahora en adelante, nada ni nadie debe trastornarlo ni irritarlo. Usted no debe disgustarse ni exterior ni interiormente. Recuerde que debe usted pasar por alto y hacer concesiones justo en el mismo momento, no porque tenga que hacerlo, sino porque quiere.

Llegará a darse cuenta que es su propio enojo y su irritación los que lo hieren, más que las irreflexivas crueldades de otras personas. Por lo tanto, de ahora en adelante esté atento a la oportunidad de pasar por alto y perdonar en el mismo momento, no dos segundos después, sino inmediatamente después que suceda.

Hágale concesiones a todos, de ahora en adelante, sin importarle quién sea; especialmente a los más cercanos a usted. Si usted no puede controlar sus faltas (las que puede ver y las que no), no tiene derecho a disgustarse por las faltas de los demás –especialmente las de sus familiares–. Los que están más cerca de usted son los que deben ser objeto de sus concesiones en primer lugar; si usted no puede hacerlo por ellos, ¿cómo será capaz de hacer concesiones a los extraños?

El amor no espera recibir nada de nadie. Lo que usted espera y no recibe, es lo que le disgusta. Cuando usted hace algo por alguien, hágalo porque así lo quiere, no porque tenga que hacerlo.

Usted ya no puede seguir manteniendo conversaciones imaginarias con la gente, en cuanto a lo que va a decirle a Fulano la próxima vez que lo vea.

No importa lo que haya podido hacer o decir anteriormente; lo que ha ocurrido no puede cambiarse por más que uno lo desee; pero usted puede cambiar de ahora en adelante.

Si se siente molesto, inquieto o arrepentido por algún error que haya ocurrido en su pasado, recuerde que esas personas –si son buenas– ya lo habrán perdonado sin que se lo pida, y si no son buenas, empiece a hacer concesiones de ahora en adelante. Pues está escrito: ‘Perdónanos así como nosotros perdonamos’. Esto implica que cada vez que somos pacientes con otro, obtenemos el perdón, y deshacemos un poco los errores pasados.

Usted ha permitido que lo disgustaran e irritaran muchas cosas triviales de la vida, y cuando pudo hacer concesiones no las hizo. Por lo tanto, alégrese, de ahora en adelante, cuando la gente sea grosera o inamistosa con usted, tendrá pues su oportunidad de tolerar.

Si no existiera el peligro, usted no podría poseer coraje. Si no existiera odio ni la tentación. ¿Cómo podría usted desarrollar el amor y la virtud? Esta gente le está proporcionando la oportunidad de realizar lo que antes no pudo. Las situaciones que antes lo trastornaron o le hicieron sentirse culpable, se convertirán en las mismas que habrán de proporcionarle felicidad y bienestar de ahora en adelante. Por lo tanto, quienes traten de enojarlo, le están dando la oportunidad de elevarse por encima de sus problemas. Recuerde, pues, que debe ser tolerante en el mismo momento, y deberá hablar con franqueza, amabilidad y paciencia de ahora en adelante.

Cuando traten de herirlo, controle su propio enojo. Arrójelo de sus pensamientos. Responda sólo con paciencia y con cualquier pensamiento que nazca en ese centro de calma.

Mantenga esta idea activa en sus pensamientos, en todo momento, en su mente. Considérela como una meta moral y espiritual. Permita usted que ello sea más importante que cualquier objetivo material en este mundo, pues es el medio por el cual puede lograrse cualquier cosa.

Permita que todo este proceso le proporcione una satisfacción y una alegría de hacer. Esta alegría le cambiará su mente. Todas sus decisiones deberán estar de acuerdo con ella, es decir, ser pacientes, tolerar al instante, y ser franco con firmeza, amabilidad y paciencia. Hágalo porque quiere, no porque tenga que hacerlo.

Cualesquiera sean sus problemas personales a que tenga que hacer frente, deje de buscarles la razón. Ya lo verá a su debido tiempo. No analice lo que le digo, simplemente piense sobre ello. Arroje fuera de su mente todos los demás pensamientos y recuerde la premisa básica: tolerar automáticamente y hablar y obrar con franqueza.

No se sienta personalmente ofendido por nada. Deje que las críticas se deslicen suavemente por encima de su espalda. No se excite por las alabanzas ni se ofenda por las críticas.

Cada vez que sea usted paciente ante el tormento y tentación se hará presente en usted un sentimiento de logro y de realización que le permitirá ver las cosas con una luz distinta y comprenderá el significado de la verdad principal: HACERLO PORQUE USTED QUIERE, NO PORQUE TENGA QUE HACERLO. TOLERAR AUTOMÁTICAMENTE. HABLAR Y OBRAR CON FRANQUEZA, AMABILIDAD Y PACIENCIA = FELICIDAD.