1 de mayo de 1980

EL PRIMER ERROR

La primera equivocación en la vida de un ser humano, en la vida de un niño, no la comete el mismo niño, sino que la cometen las personas que más le quieren, en primer lugar sus padres y abuelos y en segundo lugar y desde un punto de visto educativo-escolar: sus maestros.

Ya desde muy pequeñitos se les inculca en su fondo subconsciente, una idea fija –que pocas veces podrán abandonar–, se les dice bien con palabras, bien a través de ideas, la imagen de cuál y cómo debe ser su meta a conseguir en esta vida.

En multitud de ocasiones en el transcurso de su existencia, se le inyectará para que flote en su todavía pequeño cerebro, una droga mortal en forma de palabras, para que él sepa ‘‘el gran secreto’’ en esta vida. ¡Ja, ja!

Hemos tenido más de una ocasión al escuchar a madres, padres, abuelos y maestros, aconsejar, obligar, insinuar a sus hijos o alumnos, que ‘‘tienen la obligación de estudiar, porque así el día de mañana serán unos hombres de provecho, obtendrán un maravilloso empleo y GANARÁN MUCHO DINERO’’.

Éste es el gran error, la gran equivocación; han puesto en su frase las palabras GANARÁN MUCHO DINERO, como meta final y única y esto los mayores sabemos que no funciona así. El dinero es útil desde que se inventó, es preciso, casi necesario incluso, pero no como máximo exponente de nuestra vida.

Padres y maestros creen (por temor) que ‘‘poseer’’ dinero puede dar la máxima felicidad a una persona, y esto amigos, es falso, porque ¡cuántas veces no habremos visto mayores desgracias en aquéllos que poseyéndolo no supieron mejor emplearlo, deslizándose en el pozo de los vicios!

Bien está el estimular al niño para que se esfuerce en un más y mejor estudiar; bien está –creemos– en animarle a conseguir un excelente puesto de trabajo –incluso muy productivo económicamente–, pero si no le inculcamos en su adolescencia que este trabajo lo debe realizar con amor y encaminado a hacer más llevadera su vida y también la vida de la colectividad humana, no habremos conseguido nada, mejor dicho, sí, habremos logrado que una vez más, otra generación siga equivocada en su paso por esta Tierra.

La mayoría de las personas sabemos –con el purgar y la evolución de los años–, que el conseguir, el ‘‘amasar’’ dinero no es la felicidad. Se han venido invirtiendo los términos. El dinero sólo puede ser un medio, nunca un fin.

Trabajemos para conseguir un armónico vivir, pidamos ideas para lograr toda clase de soluciones colectivas. Desarrollemos toda la capacidad y razón –que son muchas–, para hacer vibrar el conjunto humano que nos circunda.

Todos podemos poner nuestro grano de arena en esta misión. Y estamos absolutamente seguros, que lo demás: EL DINERO, vendrá por añadidura, añadidura que será: el justo y a tiempo.