1 de noviembre de 1978

EL PENSAMIENTO Y LA PÉRDIDA DE SERES QUERIDOS

Por recta que sea la manera de pensar de una persona, eso no podrá impedir que sufra la pérdida sensible de algún ser querido. Estas pérdidas forman parte de la disciplina necesaria de la vida; el que resulten dolorosas o que sean la mayor bendición posible, depende enteramente de la actitud con que encaremos tales pruebas.

Cuando uno se rebela contra la disciplina de la vida, los pesares de hacen dolorosos; pero el daño no está en la pérdida misma, sino en la actitud de la mente y del corazón. Hasta que el alma sea capaz de apurar la copa del dolor voluntariamente, y decir Hágase Tu voluntad, tales pérdidas nos hieren, destruyendo nuestra salud y la felicidad.

Debe haber sometimiento a la Voluntad Superior y el reconocimiento de que la disciplina es necesaria. Quien haya sufrido la pérdida de seres queridos, nunca puede ser el mismo, por la sencilla razón de que se siente más humilde, más caritativo, lleno de simpatía y con un carácter más dulce y comprensivo.

A los seres amados nunca se los puede olvidar, pero eso no es razón para que el corazón quede abatido por el pesar, ni es motivo para una vida desolada por la tristeza.

Pensemos que Dios no comete errores, y que en realidad no hay muerte sino solamente cambio.

Estar firmemente establecido en la Verdad, sabiendo que todo está bien, es la única manera de que nuestras desgracias resulten bendiciones disfrazadas. Cuando se alcanza este estado, el pesar es vencido, la muerte absorbida en la victoria.

La única panacea para todas las contrariedades de la vida es la consciente armonía con nuestra Divina Fuente y con la Voluntad y el Propósito Divinos, que sólo actúan para nuestro mayor bien.


Bibliografía:
El poder del pensamiento, de Henry Thomas Hamblin; edit. Kyer.
El más allá de la muerte, de C. W. Leadbeater; edit. y distr. Mexicana.