1 de septiembre de 1978

SOMOS LO QUE SON NUESTROS PENSAMIENTOS

Si avanzando los años, usted se descubre víctima de achaques que agotan su vigor natural, y le da la sensación que a la vida le falta un sentido de bienestar, tenga cuidado con la mente, y busque en ella la posible raíz del desequilibrio. Si la ciencia médica no logra extirparle el mal, entonces hay doble motivo para pensar que las causas están en un pensamiento o acción erróneos.

Hágase un análisis de su carácter, y establezca en lo posible un enfoque del mundo general: ¿Son edificantes sus pensamientos sobre los incidentes cotidianos? ¿Le parece que la vida es buena y digna de ser vivida, o acaso sus riesgos le abruman de pesares y lamentos? ¿Se considera usted víctima de los demás o ha endurecido su corazón explotando a sus semejantes? ¿Capta los lazos de unión entre todos los órdenes de la existencia, o el odio y el miedo le han aislado, bloqueando sus sentimientos de compasión y ternura?

Aunque no todas las enfermedades pueden adjudicarse a estos reflejos mentales, también es cierto que dichas predisposiciones producen ciertos fenómenos físicos perniciosos. En casi todos los casos, descubriremos alguna irritación crónica, que al invadirnos lentamente en los años de juventud y fortificándose a causa de los inevitables sufrimientos de la vida, nos han obsesionado el intelecto formando una catarata sobre el ojo del alma.

Cada uno debe comprender que a la salud, como a la felicidad, hay que ganarlas y merecerlas; pues la felicidad es la armonía del alma, así como la salud es la armonía del cuerpo físico.

En un elevado número de casos hemos perdido la salud, debido en parte a nuestros pensamientos; pensamientos de odio, pensamientos de temor, pensamientos de miedo, pensamientos de desorden sexual, pensamientos de resentimiento y de ansiedad. Ha llegado la desarmonía, ha llegado la enfermedad, o bien, digamos mejor: la pérdida de la salud, de amor.

Podemos vencer a la enfermedad y restablecer la salud, neutralizando y cultivando el hábito de pensar pensamientos –valga la redundancia– de pureza, de buena voluntad y de tranquilidad.

No admitamos pensamientos negativos, no admitamos tampoco los pensamientos tontos, pues a la corta o a la larga se transforman en negativos; admitamos sólo los positivos, y pronto apreciaremos que vamos recuperando la salud, al mismo tiempo que armonizamos nuestro espíritu.