1 de enero de 1992

LAS LEYES OCULTAS

Ley significa que al hacer ‘‘algo’’ obtenemos una ‘‘respuesta’’. Por ejemplo, dejamos ir un objeto al vacío, y éste cae hacia abajo: ley de gravedad. O tiramos una piedra al estanque y el agua perfilará unas ondas, y siempre que esto se hace, lo mismo sucede.

El ser humano en su diario vivir en este mundo sabe y conoce muchas leyes, sin embargo, las leyes a las que nos referimos, tienen el calificativo de ocultas, no por desearles dar un carácter misterioso, sino simplemente porque no son percibidas en general por la humanidad, dando la sensación de su no existencia.

Nada tan lejos de la realidad. Ahí están, y aquí y allá nos rigen. Dependerá solamente del momento evolutivo de cada cual lo que va a permitir asimilar, interpretar y valorar, todas y cada una de ellas, bien sea para tenerlas en cuenta y saber respetarlas.

También se llaman ocultas por ser los ocultistas sus grandes observadores y al mismo tiempo los estudiosos de estas poderosas leyes.

Desde siempre los ocultistas, así como los grandes iniciados, no son partidarios de exponer con claridad el conjunto de estas leyes, por considerar que el Conocimiento con mayúsculas debe darse siempre a conocer a través de metáforas.

Por lo dicho en el párrafo anterior no existe en ningún país del mundo, un libro que fuere lo suficientemente extenso conteniendo un conjunto de las Leyes Ocultas.


CIENCIAS OCULTAS Y OCULTISMO

Los conceptos que hoy día se atribuyen a las ciencias ocultas y al ocultismo quedan confundidos totalmente, pues la inmensa mayoría creen que es lo mismo, creen que tienen el mismo significado. No es así. Se pueden considerar como ciencias ocultas: la astrología, la quirología, la grafología, la cartología, la Kábala, por contener todas ellas unos resultados basados en muy buena parte en unas estadísticas obtenidas a través de muchos años de comprobación y estudio. Estas ciencias ocultas sirven o deberían utilizarse mayormente –éste es nuestro criterio–, como instrumentos válidos para adquirir un mayor conocimiento de sí mismo y de los demás, en pro de la evolución humana. Cuando estas ciencias ocultas son empleadas únicamente para la adivinación, sus nombres se transforman en quiromancia o cartomancia.

Ocultismo es sinónimo de Esoterismo. Designa el conjunto de conocimientos transcendentes, internos o secretos que no son reconocidos completamente por la ciencia o la filosofía. Es la Escuela de Pensamiento que desde la Edad Media estudia los misterios de la naturaleza al mismo tiempo que los poderes psíquicos latentes en todo ser humano. El Ocultismo rechaza la causalidad. Los ocultistas estudian las leyes ocultas.


LA GRAN LEY DIVINA DEL AMOR

Es la primera ley y la básica, la esencial. Es la que comprendiéndola nos da la pauta para el conocimiento de las demás leyes.

Es punto de apoyo para intuir la razón de ser de nuestra existencia.

‘‘Amar a nuestros semejantes, nuestro prójimo, como a nosotros mismos’’.

Obtener la gracia del Amor a lo Divino equivale a un amor hacia el Innombrable, permitiendo que ello sea la meta de nuestros pasos.

Es indudable que para asimilar esta Ley es preciso solicitar ayuda; esta ayuda es siempre concedida si es pedida con la mejor voluntad y con el ánimo fuerte de querer avanzar, de desear evolucionar.

Deberá ser solicitada cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo. ‘‘Pedid y recibiréis’’, tal es la ley.

Cualquier acto o pensamiento en contra de esta Gran Ley Divina del Amor, será precepto equivocado, e impedirá el estudio y conocimiento de las demás leyes.


LA LEY DE LO SEMEJANTE

Lo ‘‘semejante atrae a lo semejante’’. Las personas de idénticos gustos o formas de pensar se atraen; esto lo vemos a diario. Esta ley funciona como un imán. Las personas con iguales condiciones se abrigan. Ello nos da una visión de la importancia que tienen en la vida nuestras relaciones: amigos, familia, trabajo, ocio, etc. Es muy aconsejable hacer revisiones periódicas de todo ello.

Tres actos positivos realizados de forma continuada tienden a un hábito positivo. En lo negativo, esta ley funciona de la misma manera y nos llevaría inexorablemente hacia lo negativo. Quiere decir pues, que unos pensamientos positivos atraerán a otros positivos, y unos negativos a otros negativos, y como siempre antes de una acción existe un pensamiento, así serán las obras: positivas o negativas. Conviene, pues meditarlo bien.

Del resultado de esta atracción se derivan unas consecuencias, que llamaremos X y que llevarán como hemos dicho el signo correspondiente, siendo además, del máximo interés, pues dejará o no el camino abierto para la gran apertura tendente al cambio o trasmutación del ser; que es en resumen lo que deberían perseguir el hombre y la mujer actuales.


LA LEY DEL ÉXITO

La ley del éxito es una recompensa a la forma de ser y actuar, siempre y cuando los resultados de posibles ‘‘vidas anteriores’’ no intervinieren de forma desfavorable. El éxito nos viene dado en proporción a nuestro buen hacer en todos los momentos de la vida.

Cada persona debería tener un baremo de consideraciones sobre el éxito. Existen tres tipos de éxito. El material, el espiritual, y el conjunto de ambos. El éxito se lo labra la propia persona.

El primero es de todos conocido. Cada cual puede señalarse su medida, desde la más sencilla y modesta hasta la cota de ambición de riqueza y poder más elevada. Otra cuestión será cómo se emplea esta riqueza. El segundo viene representado por un anhelo espiritual intenso, al cual la persona dará salida que comprenda más convenientemente según su forma de ser. En cualquier caso, se podría apuntar la existencia de ciertos obstáculos que obran como impedimentos; esto será si no se tuvieron en cuenta el resto de las leyes.

Finalmente, el tercer tipo, es un conjunto de los dos, logrando una armonía que permita mirar el cielo aunque nuestros pies toquen la tierra.


LA LEY DE LA VIDA

Esta ley se complementa con la ley del éxito, con la ley de la abundancia y con la ley del bienestar.

Desde siempre la gran incógnita del ser humano ha sido la razón de ser de su existencia.

Vivir la vida en términos exotéricos o mundanos, es vivir bien, no ocuparnos del prójimo en ningún aspecto y disfrutar de ella.

Vivirla, sin embargo, bajo el prisma esotérico, interno u ocultista, es saber apreciar y conocer el valor intrínseco del concepto vida, teniendo como faro la ley 1 y también todas las demás, en especial las comentadas más arriba, y en concreto la Ley de Causa y Efecto.

De la observancia del conjunto de leyes también se obtiene más vida, si cabe, ya que cuidando el cuerpo físico, mimamos al alma, y a la recíproca, si nos cuidamos bien del alma repercutirá en nuestro físico.

La ley de la vida es conocer la vida misma, y actuar en consecuencia, sin violencias y con armonías.


LA LEY DEL KARMA (CAUSA-EFECTO)

No hay causa sin efecto, ni efecto sin causa. Si en el huerto de la vida se siembran tomates, aquel ser recogerá tomates, por mucho que él desee otra cosa. Si se siembran pensamientos-obras positivos la recolección será positiva; mas si la siembra es de signo contrario, no se podrá pretender recoger otra cosa que zarzas con espinas. Sin embargo, la ceguera de los seres humanos es tan grande que no se acierta el comprender porqué las cosas no le funcionan como él desea y es simplemente porque no reconoce su siembra; está tan convencido de que su siembra es buena, está tan orgulloso de sus maneras y de sus formas, que se queda atónito al no obtener cosecha o ver que ésta es de otra índole a la esperada.

El refrán popular ya nos lo dice –ellos son la sabiduría recogida a través de los siglos–: ‘‘Tal harás, tal encontrarás’’. Es una ley muy dura la Ley del Karma. En el universo nada se desperdicia, nada se pierde, nada va al cesto de los papeles; todo se aprovecha. Al decir esto intentamos señalar que nuestros pensamientos y nuestras obras, tienen unos efectos, efectos que se convierten en otras causas y que tienen una continuidad quasi infinita.

Los efectos producidos por las causas, o sea los resultados, están bien palpables a nuestros ojos si los queremos o podemos ver, y si nos esforzamos en ello comprenderemos más las cosas que nos suceden.

No nos creamos que los efectos acaban en uno mismo, en un solo ser; si tenemos una vasija de agua sucia y la tiramos al aire, esta agua no tan sólo ensuciará al que la tiró, sino también a los más allegados al actor, sean familiares, amistades más íntimas, etc. quedando todos ellos más o menos impregnados de aquella suciedad. Si la vasija fuera de agua limpia, con un contenido de acciones positivas, sucedería lo mismo, la Ley actuaría de la misma manera, aunque en este caso, sería una lluvia de bendiciones traducida no tan solo en bienestar terrenal al sujeto inductor, familiares, amistades, etc. sino también en el terreno espiritual, purificando y borrando Karma a grandes niveles, si el acto o los actos así lo merecían.

El ser humano cuando nace es ya un resultado de otras causas, no solamente individuales sino colectivas, en razón de sus padres, abuelos, bisabuelos, etc. y así como en su sangre y en sus cromosomas recogerá unas formas físicas parecidas a las de su familia, también se apreciará unas características de personalidad similares. Unido todo ello y sumando la educación que recibirá, las amistades que va a tener, la familia que le acunará, la posición económica y social en que va a desenvolverse aparecerá una ‘‘persona’’, nueva, diferente, y probablemente más evolucionada en todos los sentidos, que sus antecesores.

Abundando más en esta Ley, y particularizando en cada ser, nos adentraríamos de lleno en la teoría de la Reencarnación, aunque en otra ocasión ya procuraremos desarrollarla lo más y mejor posible.


LA LEY DEL SERVICIO

La palabra servicio nos indica bien claramente su significado: SERVICIO. Servicio es servir. Servir a los demás; servir a nuestros semejantes por amor, por amor a Él. Servir mientras se trabaja, mientras se ama, en resumen, servir mientras vivimos. Realizar bien las obras por el mismo trabajo.

Dentro del terreno práctico de la vida, supongamos desarrollamos un trabajo, tanto si es por cuenta propia o por cuenta ajena, hagámoslo bien. Al así hacerlo estamos sirviendo mejor a la sociedad, y por añadidura, a nosotros mismos. Otro concepto de esta ley, es servicio en un sentido más esotérico, o sea, ayudar a los demás, cuando lo necesiten, cuando nos lo pidan, o cuando comprendamos haga falta. Bien pudiera ser echar una mano montando un armario bricolage o hacer de canguro, escuchar las penas de un vecino, dar un buen consejo, unas palabras de alivio, visitar a un enfermo o ayudar económicamente en momentos determinados. Temas y casos encontraremos una infinidad para poder pensar y decidir. Servir es Amor y también abnegación. Para servir a los demás hay que comenzar por servirse a sí mismo.

Continuamos señalando la gran relación que existe entre todas las leyes; todas se comunican, una se lo dice a la otra, y en conjunto, actúan, como si fuera una sola.


LA LEY DE LA ABUNDANCIA, DEL BIENESTAR, DE LA PROSPERIDAD

Hemos puesto tres nombres a esta Ley, aunque es la misma; algunos autores, hacen referencia al primer título, a la abundancia.

Por lo que hemos visto a través de los años, la abundancia suele aparecer cuando varias leyes ocultas ejercen solidez actuando en consecuencia, en especial unidas a la Ley de Causa-Efecto. Abundancia significa eso, que no falta de nada, aunque ello no implica disponer de súper riquezas, pero sí una media alta muy próspera.

Cuando esto ocurra, el ser debería estar más vigilante y también más atento a cualquier acontecimiento, mucho más si se considera estudiante de ocultismo, ya que entraña una mayor responsabilidad en todos los órdenes de la vida, e implica necesariamente un agradecer constante.

Convendrá no caiga en la avaricia, sino al contrario, en la largueza; tendrá que partir, dividir, compartir, con sentido común, sin avasallar, con delicadeza, con amor; lo que mejor sepa y más. Si así actúa, desencadenará algunos efectos de las leyes ya descritas, multiplicando con estas causas sus efectos. A mayor Servicio, a mayor Diezmo, a más Amor: mayor Abundancia, Bienestar, Prosperidad y Paz.


LA LEY DEL DIEZMO

Esta ley significa dar el diez por ciento de los beneficios. A quién se da, lo tendrá que decidir la propia conciencia del individuo.

Partiendo de la base que todo ser humano es igual pero diferente, habrá quien señalará un 7, otros quizá un 10, y hasta encontraremos alguno que el 12 por ciento.

Es una ley, y como tal actúa, aunque no por ello se deberá provocarla como una obligación, sino con amor, con amor al prójimo, formando parte de la Gran Ley Divina del Amor.

El diezmo es pan bendito, y permite se abran los santos canales de la abundancia y de la felicidad.

Siempre se ha dicho y repetido hasta la saciedad que en esta vida no existe la felicidad, pero si algún lector deseara probar, piénselo, hágalo y comprobará ‘‘algo’’ tan fino y delicado como es el hacer vibrar esta Ley, y podrá intuir el significado de la palabra felicidad. Siempre lo es más el que da que el que recibe, no lo olvidemos. Repetimos: es lo único que puede acercarnos a la Felicidad. Dando se recibe.


LA LEY DEL SILENCIO

Otra poderosa ley es ésta: La Ley del Silencio.

Parece una ley simple que no tiene valor y sin embargo actúa con una regularidad implacable.

El silencio tiene un sonido que nos permite captar a nuestros semejantes y conocerlos mejor y también comprender su porqué.

El silencio tiene una vibración que nos lleva al difícil equilibrio y nos permite adentrarnos en la meditación profunda y serena sobre nuestro espíritu.

En el campo exotérico de la vida, hemos visto en repetidas ocasiones ha sido atendido antes en un mostrador de recepción aquel que ‘‘estaba en silencio’’ que otros que gritaban solicitando información. ¿Por qué? El que ‘‘estaba en silencio’’ estaba tranquilo y de él emanaba paz y armonía, tan necesarias hoy día para ir por el mundo.

El que está en silencio ante los avatares de la vida, tiene agallas para pensar, meditar e intentar comprender qué camino torcido o equivocado siguió para que aquello ocurriera, o cuáles circunstancias anteriores pudieron acaecerle.


LA LEY DEL RENACIMIENTO

Es una ley que significa realmente un cambio. Quiere esto decir que si el interior de un ser contiene ‘‘buenos materiales’’, aun cuando en el exterior su vida no siga un comportamiento ejemplar, la vida misma, la Naturaleza, apretará las clavijas necesarias para provocar un cambio. Estas clavijas son resortes inescrutables, desde una enfermedad hasta una pérdida económica, desde un accidente a la defunción de un familiar.

Siempre son las partes más débiles de nuestro cuerpo físico las más afectadas, por un lado, y por otro, las más sensibles de nuestro cuerpo psíquico, cuales son las emociones.

Se deberá tener la inocencia de un niño para entrar en el Reino. Y se deberá obligatoriamente ‘‘cambiar’’ para poder obtener esta inocencia. Si se logra se habrá transformado el plomo en oro.

Muy importante es el ‘‘cambiar’’, dejando malos hábitos y olvidando comportamientos negativos adquiridos para que la Ley se valga de un sinnúmero de circunstancias para que el individuo pueda lograr esto: ‘‘cambiar’’, que es sinónimo de ‘‘renacer’’ a una nueva vida, que le permita así adelantar y avanzar constantemente: evolucionar.


LA LEY DE ANALOGÍAS O CORRESPONDENCIA

Esta ley se basa en el principio hermético de Hermes Trismegisto: ‘‘Todo lo que está abajo está arriba y todo lo que está arriba está abajo’’.

Este principio encierra la verdad de que hay siempre una determinada correspondencia entre las leyes y los fenómenos de los varios estados del ser y de la vida, y ayuda a resolver muchos de los más oscuros problemas y paradojas de los misteriosos secretos de la Naturaleza.

Hay planos de energía que no conocemos, pero cuando aplicamos esta ley de correspondencia a ellos, mucha de nuestra incomprensión se torna claridad en nuestra conciencia y las ideas en acciones.

Este principio o ley es de aplicación universal en los diversos planos: mental, material y espiritual, del Cosmos: es una ley que puede considerarse como una de las fuerzas más importantes y auxiliares de la mente, siendo su aplicación la que puede ayudar a desvelar aunque sea solamente un poco, el velo de Isis. Y como dice el Kybalion: ‘‘el sabio sirve en lo superior, pero rige en lo interior. Obedece a las leyes que están por encima de él, pero en su propio plano y en las que están por debajo de él, rige y ordena’’.